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Cuidar el jardín

«Mamá, tengo miedo. Lucas dice que si no reclamo lo mío me voy a quedar sin nada y que tú vas a vender la casa y te vas a ir. No sé qué hacer. No quiero perderte a ti también.»

Lo que Camila no sabía cómo decir

No supe cuánto tiempo pasó hasta que escuché pasos detrás de mí. Camila estaba en la puerta, pálida, con los ojos hinchados. Miró la caja en mis manos y se le quebró la cara.

—No lo leíste, ¿verdad? —susurró.

—Acabo de leerlo todo —respondí.

Se dejó caer de rodillas y lloró como lloraba de niña, con todo el cuerpo. Entre sollozos me contó la verdad. Después de la muerte de su papá, Lucas, su novio, no dejó de repetirle que yo la dejaría sin nada. Le prometió que con su mitad podrían poner un negocio juntos. Ella no quería dinero. Quería no quedarse sola. Y cuando tuvo miedo, repitió palabras que no sentía, las más crueles que encontró.

—No lo decía en serio, mamá. Perdóname. Perdóname, por favor.

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