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Si todas las publicaciones proceden de una única narración sin verificar, la incertidumbre permanece.
Las imágenes tampoco demuestran por sí solas lo ocurrido
En internet es frecuente encontrar fotografías de personas mayores, carnicerías, bolsas de carne y edificios abandonados que se utilizan para ilustrar historias llamativas.
Pero una imagen de una anciana junto a unas bolsas no demuestra que comprara 60 kilos de carne al día. Del mismo modo, una fotografía de una nave deteriorada no confirma que allí se produjera un descubrimiento relacionado con el relato.
Las imágenes pueden proceder de otros acontecimientos, haberse utilizado fuera de contexto o haber sido editadas.
También existen herramientas capaces de generar escenas realistas mediante inteligencia artificial.
Por eso, cuando una fotografía se presenta como prueba de un acontecimiento extraordinario, es importante investigar su origen y contrastarla con otras fuentes.
Una historia intrigante no siempre es una noticia confirmada
El relato de la anciana que supuestamente compraba 60 kilos de carne diarios tiene una estructura que invita a seguir leyendo: una rutina inexplicable, una persona que decide investigar y una nave abandonada que promete revelar un secreto.
Sin embargo, la pregunta más importante sigue sin respuesta: ¿dónde y cuándo ocurrió realmente?