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Una mujer mayor llegaba a una carnicería y hacía un pedido que sorprendía a quienes la atendían. No compraba uno o dos kilos para preparar la comida de varios días. Según una historia que circula por internet, pedía nada menos que 60 kilos de carne.
Pagaba, recogía su compra y se marchaba sin dar demasiadas explicaciones.
Al día siguiente, supuestamente regresaba para comprar la misma cantidad. Y después volvía a hacerlo.
Con el paso de los días, su comportamiento habría despertado la curiosidad del personal de la carnicería. ¿Para qué necesitaba tanta carne una mujer que aparentemente vivía sola? ¿Alimentaba animales? ¿Abastecía algún negocio? ¿O había algo más detrás de aquellas compras?
La historia da un giro cuando, según el relato viral, alguien decide seguirla y descubre que transportaba la carne hasta una nave o almacén aparentemente abandonado.
A partir de ese momento, el misterio se vuelve todavía más intrigante.
Sin embargo, hay una cuestión fundamental que no debemos pasar por alto: no basta con que una historia parezca real para demostrar que ocurrió. Sin nombres, ubicación verificable, fecha y fuentes independientes, no es posible confirmar la autenticidad de este supuesto caso.