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Dejarlos demasiado tiempo a temperatura ambiente puede favorecer crecimiento de microorganismos.
La refrigeración debe mantenerse hasta el momento de prepararlos.
No conviene lavar carne cruda salpicando el fregadero
El agua puede dispersar microorganismos hacia superficies cercanas.
La cocción adecuada es la medida principal para reducir microorganismos del alimento.
Las superficies que hayan tenido contacto deben limpiarse posteriormente.
El color del hígado puede variar
Las tonalidades dependen de frescura, exposición al oxígeno y características del animal.
Un cambio leve de color no siempre indica deterioro.
El olor, textura y condiciones de conservación también deben considerarse.
Un olor claramente desagradable es una señal de precaución
Los alimentos frescos tienen un olor característico, pero no deberían presentar aromas intensamente desagradables.
Cuando existen dudas importantes sobre su estado, lo más prudente es no consumirlos.
La seguridad alimentaria debe tener prioridad.
La textura también puede cambiar cuando el alimento se deteriora
Una superficie inusualmente viscosa puede indicar problemas de conservación.
Sin embargo, la apariencia debe evaluarse junto con otros factores.
No existe una única señal visual para todos los casos.
Congelar puede prolongar la conservación
Si el alimento no se utilizará pronto, la congelación puede ser una opción.