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Pero eso no es todo.
Un error frecuente consiste en acostumbrarse lentamente a ver peor. Como el cambio puede producirse durante meses o años, muchas personas modifican inconscientemente sus rutinas en lugar de revisar su visión.
Más luz para leer. Letras más grandes. Menos conducción nocturna.
Poco a poco, lo anormal empieza a parecer normal.
Semillas y salud ocular: dónde termina la evidencia y empieza el mito
Las semillas pueden aportar grasas insaturadas, fibra, proteínas, minerales y diferentes compuestos vegetales. Dependiendo de la variedad, su perfil nutricional cambia considerablemente.
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Semillas de chía y lino, por ejemplo, aportan ácido alfa linolénico, un tipo de omega 3 vegetal. Las semillas de girasol contienen vitamina E, mientras que las de calabaza proporcionan nutrientes como zinc y magnesio.
Estos nutrientes tienen funciones importantes en el organismo.
Sin embargo, debemos evitar un salto lógico muy habitual:
Que un alimento contenga un nutriente relacionado con determinadas funciones del ojo no significa que ese alimento pueda recuperar una pérdida de visión.