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DOLO DOS CUCHARADAS
Hay frases que se quedan grabadas. Esa, en particular, tiene algo de arrepentimiento, de sorpresa tardía, de una profunda introspección. Solo dos cucharadas. Solo dos. Y sin embargo, el cuerpo a los 78 no perdona los pequeños detalles que se repiten durante años. La piel de los brazos, que cuelga como tela vieja, no solo por el colágeno y la elastina. También por minerales extraños. Y entre todos ellos, hay uno que casi nadie menciona al hablar de belleza, pero que es clave: el magnesio.
El magnesio no es una crema ni un aceite. Es un mineral esencial que participa en más de 300 reacciones del organismo, y una de sus funciones menos conocidas es la síntesis de colágeno y la estabilidad de la barrera cutánea. Cuando hay una deficiencia, la piel se vuelve más fina, seca, más propensa a la inflamación y con ese aspecto apagado que resulta tan molesto. A los 78 años, la absorción intestinal disminuye, la dieta a veces se vuelve monótona y muchos medicamentos comunes —diuréticos, protectores gástricos— extraen magnesio del cuerpo sin que nadie se dé cuenta.