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Dependiendo del tipo, pueden aportar magnesio, zinc, hierro, calcio, fósforo y otros minerales necesarios para el funcionamiento normal del organismo.
Además, algunas semillas contienen compuestos vegetales, como lignanos y polifenoles, que se estudian por sus posibles efectos antioxidantes y otros mecanismos biológicos.
Incorporarlas a la dieta puede ser una manera sencilla de mejorar la calidad nutricional de las comidas. Sin embargo, sus beneficios dependen del conjunto de la alimentación, de las cantidades consumidas y de las necesidades individuales.
1. Semillas de chía: una fuente de fibra y omega-3 vegetal
Las semillas de chía se han convertido en un alimento popular por su contenido de fibra, grasas saludables y minerales. Son pequeñas, fáciles de almacenar y pueden añadirse a diferentes preparaciones sin modificar demasiado su sabor.
Uno de sus principales componentes es el ácido alfa-linolénico (ALA), un ácido graso omega-3 de origen vegetal. También contienen fibra soluble e insoluble, que contribuye al funcionamiento digestivo.
Beneficios nutricionales de la chía
Puede favorecer el tránsito intestinal. Su contenido de fibra ayuda a aumentar el volumen de las heces y puede contribuir a prevenir el estreñimiento cuando se consume junto con suficiente líquido.