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También pueden aparecer dolor de cabeza, sensibilidad en los senos, cambios de humor, acné o variaciones en el apetito sexual. En ciertos casos se nota aumento de peso, aunque no siempre se puede atribuir al implante de forma directa. Los síntomas suelen ser más notorios durante los primeros meses, cuando el cuerpo se adapta.
En el sitio de inserción puede haber dolor, moretón, picazón o inflamación leve. Lo más común es que esas molestias disminuyan en pocos días. Si el brazo duele mucho, se endurece, se enrojece de forma intensa o aparece fiebre, conviene consultar.
Señales de alarma que requieren revisión médica
La mayoría de los efectos del implante no son graves, pero hay señales que no deben ignorarse. Un sangrado abundante que empapa varias toallas en poco tiempo, dolor fuerte en el abdomen, desmayo o malestar general importante requieren valoración. También es importante pedir ayuda si el dispositivo no se palpa bajo la piel o parece haberse movido.
Otra razón para consultar es la aparición de síntomas persistentes que afecten la vida diaria. Si el sangrado irregular se mantiene durante mucho tiempo o los cambios de ánimo se vuelven difíciles de manejar, puede ser necesario revisar opciones. En algunos casos basta con controlar los síntomas; en otros, se evalúa retirar el implante o cambiar de método.