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Valentina tiene 32 años y, desde hacía nueve meses, salía con Renzo, un hombre de 39 con dos hijos pequeños a los que adoraba. Todas las semanas salían a cenar afuera porque a los chicos les encantaba ir a comer a un restaurante, y al principio a ella no le molestaba para nada ser parte de esos planes familiares.
El «olvido» que se repetía siempre
El problema empezó a notarse con el tiempo: casi siempre, justo cuando llegaba la cuenta, Renzo decía que se había olvidado la billetera. Y como los chicos estaban sentados ahí mismo, Valentina terminaba pagando toda la cena para no hacer una escena.
Al principio no le dio importancia. Pero después de pagar varias cenas seguidas solo en el último mes, empezó a sentir que la situación le estaba pesando en el bolsillo, mientras Renzo ni siquiera parecía darse cuenta.
Una advertencia que no sirvió de nada
Una noche, después de cobrar un trabajo extra, Valentina se preparaba para otra cena con Renzo y los chicos. Previendo que el «olvido» se repitiera, le mandó un mensaje pidiéndole que esa vez no se olvidara la billetera. Él respondió con una risa.
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