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No se castigan con entrenamientos agotadores, sino que se mueven por placer: bailar, nadar, caminar, andar en bicicleta, jugar con sus hijos.
Mantienen un peso saludable. La obesidad es un factor de riesgo comprobado para varios tipos de cáncer — mama, colon, páncreas, entre otros.
Por qué tienen menor riesgo:
La actividad física mejora el metabolismo, reduce hormonas dañinas (como el exceso de estrógenos, vinculado al cáncer de mama) y fortalece el control inmunológico sobre células atípicas. Además, el movimiento reduce la inflamación crónica, uno de los principales procesos asociados con el desarrollo de enfermedades oncológicas.
3. Los que comen con moderación — quienes comen para vivir, no viven para comer
No siguen dietas extremas ni restricciones duras. Simplemente han desarrollado una relación equilibrada con la comida. Para ellos, alimentarse es una fuente de energía, no una forma de compensación emocional.
Qué los distingue:
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La base de su dieta son alimentos vegetales: verduras, frutas, cereales integrales, legumbres y hojas verdes, que aportan fibra, antioxidantes y vitaminas protectoras.
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Minimizar los alimentos procesados: embutidos, comida rápida, refrescos azucarados y exceso de azúcar. Saben que nitratos, carcinógenos y grasas trans favorecen las mutaciones celulares.