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- Superficiales: solo afectan la capa de barniz. Son los más comunes y los más fáciles de reparar en casa.
- Medios: atraviesan el barniz y llegan a la capa de color. Requieren más trabajo, pero también pueden atenuarse.
- Profundos: llegan hasta la imprimación o incluso al metal. En estos casos lo recomendable es acudir a un profesional.
Para saber si un rayón es superficial, basta con pasar la uña sobre él: si no se engancha, se trata de una marca leve que puede corregirse con el método de la espuma pulidora.