Pero ojo: no basta con comerlas crudas. Para aprovechar al máximo sus nutrientes y evitar problemas digestivos, hay que prepararlas adecuadamente y consumirlas con regularidad, no como si fueran un milagro de tres días. Aquí tienes dos recetas pensadas específicamente para piernas y movilidad.
Receta 1: Leche de semillas de calabaza para tomar cada mañana (efecto anabólico suave)
Ingredientes:
50 g de semillas de calabaza crudas sin sal (un puñado generoso)
500 ml de agua tibia
Opcional: 1 dátil sin hueso o una cucharadita de miel
Preparación: Remoja las semillas la noche anterior (8 horas) en suficiente agua para cubrirlas. Al día siguiente, escúrrelas, enjuágalas y licúalas con los 500 ml de agua tibia y el edulcorante, si lo deseas. Cuela con una bolsa de leche vegetal o un paño fino. Conserva en el refrigerador.
Modo de empleo: Tomar un vaso (200 ml) en ayunas y otro a media tarde, durante al menos 4 semanas consecutivas. Esta leche aporta proteínas de fácil digestión y magnesio biodisponible.