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Evidencia en humanos (limitada pero interesante)
Un estudio con 20 pacientes hipertensos halló que quienes consumieron una decocción de apio experimentaron una reducción significativa de la presión arterial: la presión sistólica media pasó de 163 mmHg a 148 mmHg y la diastólica de 99 mmHg a 89 mmHg después de una semana. Otro estudio concluyó que el jugo de apio redujo significativamente la presión arterial en una población rural.
Un caso documentado describe a un hombre que preparó jugo de apio diariamente y logró bajar su presión arterial, aunque los investigadores advierten que la evidencia en humanos sigue siendo escasa.
Antiinflamatorio y antioxidante
Una revisión farmacológica de 2025 señala que el apio contiene flavonoides como la apigenina y la luteolina, conocidos por sus efectos terapéuticos, incluida la protección cardiovascular. Estudios realizados en células pulmonares humanas (A-549) demostraron que el extracto acuoso de apio redujo las citocinas proinflamatorias como la IL-1β, la IL-6, la IL-18 y el TNF-α, así como el estrés oxidativo.
Sin embargo, la misma revisión advierte que la evidencia clínica en humanos sigue siendo limitada, lo que representa una importante laguna en la investigación actual.