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Cuando los niveles de andrógenos superan los rangos típicos, las mujeres pueden desarrollar hirsutismo (crecimiento excesivo de vello grueso en zonas generalmente asociadas con patrones masculinos, como el mentón, el labio superior, el pecho o la espalda). Una de las causas más comunes es el síndrome de ovario poliquístico (SOP), que afecta aproximadamente al 5-15 % de las mujeres en edad reproductiva. El SOP también se asocia con ciclos menstruales irregulares, acné, resistencia a la insulina y un mayor riesgo de diabetes tipo 2. En casos más graves, el crecimiento del vello facial puede ser pronunciado.
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Otras afecciones endocrinas, como el síndrome de Cushing o la hiperplasia suprarrenal congénita, también pueden influir en el crecimiento del vello, a menudo junto con otros síntomas sistémicos. La genética influye aún más en cómo se manifiestan estas influencias hormonales, ya que las mujeres de ascendencia mediterránea, de Oriente Medio y del Sudeste Asiático son estadísticamente más propensas a experimentar crecimiento de vello facial. En muchos casos, esto refleja rasgos hereditarios más que enfermedades, pero la superposición con afecciones médicas puede complicar la interpretación.