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Por eso es mejor evitar los remedios agresivos que prometen aclararlas rápidamente.
No recomiendo aplicar limón, vinagre, bicarbonato, alcohol, pasta dental o ajo directamente sobre la piel para eliminar manchas. Pueden provocar irritación y, en algunos casos, empeorar la pigmentación.
El protector solar es mucho más importante de lo que parece. Utilizar uno de amplio espectro, SPF 30 o superior, en las zonas expuestas ayuda a proteger la piel de la radiación ultravioleta y a prevenir que las manchas existentes se oscurezcan.
En las manos, conviene reaplicarlo si permanecen expuestos al sol durante varias horas. También ayuda a utilizar guantes cuando se manipulan productos de limpieza.
La clave está en la constancia.
Una piel cuidada no necesita diez productos diferentes. Una rutina sencilla puede comenzar con limpieza suave, hidratación y protección solar durante el día. Por la noche, puede añadirse una hidratación más intensa si la piel está seca.
Las recetas anteriores pueden complementar estos cuidados, pero no sustituyen tratamientos dermatológicos cuando existen manchas.