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Mayor ingesta de agua: diluye la sangre y reduce la viscosidad.
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Más verduras y frutas: aportan nitratos (remolacha, hojas verdes) y polifenoles, que apoyan la producción de óxido nítrico.
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Menos ultraprocesados y azúcar: reduce la inflamación y la resistencia a la insulina.
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Empezaste a moverte: aunque solo sea caminar a diario, mejora la función endotelial.
El efecto de un solo alimento es mínimo. La alicina, la curcumina o la vitamina C del limón tienen actividad antioxidante y antiinflamatoria en el laboratorio, pero las concentraciones que se alcanzan a través de la dieta están muy lejos de “destapar arterias” o “rejuvenecer la circulación”.
Si quieres saber cómo está realmente tu circulación
“Sentirse como a los 40” es una percepción subjetiva. La evaluación real requiere indicadores objetivos. Si tienes hipertensión, diabetes, colesterol alto o antecedentes de tabaquismo, conviene hacer una evaluación de salud vascular que incluya:
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Índice tobillo-brazo (ABI): cribado de enfermedad arterial periférica.
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Ecografía carotídea: evalúa placa y grosor de la íntima.
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Dilatación mediada por flujo (FMD): evalúa la función endotelial.
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Perfil lipídico, glucosa, homocisteína, proteína C reactiva ultrasensible.