Distribución a lo largo del día: Reparta la ingesta de proteínas en todas las comidas (desayuno, almuerzo, merienda y cena). El cuerpo no puede almacenar proteínas, por lo que es mejor consumirlas regularmente a lo largo del día.
Precauciones: Las personas con problemas renales (insuficiencia renal) deben consultar a su médico antes de aumentar la ingesta de proteínas. Asimismo, quienes padecen gota deben moderar el consumo de proteínas de origen animal y optar por fuentes vegetales como la soja.
Complementa con movimiento: La proteína por sí sola no desarrolla músculo. Es fundamental acompañar su consumo con ejercicios de resistencia suaves, como levantarse y sentarse en una silla varias veces al día, caminar durante 30 minutos o hacer ejercicio con bandas elásticas. El estímulo mecánico es lo que "ordena" al cuerpo que utilice las proteínas para la reparación y el crecimiento.
Calidad antes que cantidad: Prioriza siempre las fuentes de proteína magra y de alta calidad. Evita las carnes procesadas y los embutidos, que además de proteínas contienen grasas saturadas y exceso de sodio.
Escucha a tu cuerpo: Si notas hinchazón, gases o molestias digestivas al incorporar proteína de suero, prueba con proteína de soja o con fuentes naturales como huevos, pescado o legumbres. Cada organismo es único.
La pérdida de fuerza después de los 60 no es inevitable. Con una dieta rica en proteínas de calidad, algo de ejercicio diario y la constancia de un hábito, puedes escribir un nuevo capítulo en tu historia de envejecimiento activo, donde las piernas se mantengan firmes y los brazos fuertes.