Pero el colágeno no es magia. No funciona si lo tomás y seguís durmiendo mal, comiendo ultraprocesados y viviendo con estrés crónico. Funciona mejor cuando lo acompañás con vitamina C (un vaso de jugo de naranja natural o un trozo de pimiento rojo), con agua suficiente y con sueño reparador. Es un equipo: el colágeno pone los ladrillos, el resto de tus hábitos decide cómo se construye la casa.
Mi abuela lo toma desde los 60. Hoy tiene 82 y su rostro no tiene la tirantez de una operada, pero sí la luz de una mujer que cuidó su interior. No usa base, no usa corrector. Su belleza no necesita capas. El colágeno natural en polvo no es moda pasajera. Es volver a lo básico. Lo que viene de adentro, afuera se nota. Y no necesita etiqueta cara para demostrarlo.