La Dra. Lauren Streicher lo explica claramente: «El aumento de endorfinas producidas durante el orgasmo ayuda a reducir el dolor de los cólicos menstruales». Sin estas endorfinas liberadas durante la actividad sexual, el cuerpo tiene menos recursos naturales para aliviar las contracciones uterinas, lo que puede hacer que las menstruaciones sean más dolorosas y difíciles de soportar.
Este es un ejemplo revelador de cómo la sexualidad y la salud de la mujer están íntimamente vinculadas, mucho más allá de lo que habitualmente se percibe.
Los beneficios comprobados de una vida sexual activa para la salud general
Para entender el coste que supone para el cuerpo la ausencia de sexo, es esclarecedor recordar lo que le aporta la actividad sexual regular: los beneficios son numerosos, mensurables y reconocidos por la comunidad médica.
Desde un punto de vista cardiovascular, los estudios han demostrado que una vida sexual activa ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas , gracias en particular al efecto vasodilatador de las endorfinas y al esfuerzo físico moderado que implica la relación sexual.
Desde un punto de vista inmunológico, la cercanía física y emocional con la pareja estimula el sistema inmunológico , fortaleciendo las defensas naturales del organismo contra las infecciones.
A nivel hormonal, la actividad sexual regular contribuye a una mejor regulación del sistema hormonal , estabilizando los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y favoreciendo la secreción de oxitocina, la hormona del apego y del bienestar.
Desde un punto de vista energético y metabólico, las relaciones sexuales representan un gasto calórico real: de 500 a 600 calorías en promedio para una mujer y de 700 a 800 calorías para un hombre , según estimaciones. Una actividad física en sí misma, por lo tanto.
Por último, especialmente en los hombres, los estudios han establecido un vínculo entre la frecuencia de las relaciones sexuales y una reducción del riesgo de cáncer de próstata , un beneficio que merece ser mejor conocido.
Conclusión
La actividad sexual no es simplemente un placer secundario. Es un componente integral de la salud física y mental, al igual que la dieta, el sueño o el ejercicio. Los efectos de su ausencia (pérdida de la libido, dolor físico, desequilibrios hormonales, aumento del estrés) son reales y están científicamente documentados.
Por supuesto, cada persona es diferente, y la abstinencia puede deberse a diversas situaciones —médicas, relacionales o personales— que merecen ser abordadas sin prejuicios. La clave está en estar informados y ser conscientes de lo que nuestro cuerpo experimenta, para poder actuar en consecuencia y consultar con un profesional de la salud si es necesario.
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