La sexóloga Sari Cooper lo explica claramente:  «La ausencia de sexo puede provocar letargo, pérdida de vitalidad y disminución del deseo sexual».  En otras palabras, la libido no es un estado estático, sino un mecanismo autosostenible. La actividad sexual regular mantiene el deseo; su ausencia lo erosiona gradualmente.

Este letargo no es solo psicológico. Tiene una base fisiológica: la actividad sexual desencadena la liberación de endorfinas y dopamina , neurotransmisores directamente asociados con sensaciones de bienestar, energía y motivación. Sin esta estimulación regular, los niveles generales de vitalidad pueden disminuir notablemente, afectando la calidad de vida mucho más allá de la intimidad.

Cambios físicos en la mujer: lo que el cuerpo registra

Los efectos de la abstinencia sexual prolongada en el cuerpo femenino están particularmente bien documentados y merecen ser mejor conocidos y gestionados.

Estrechamiento y sequedad de la pared vaginal

Uno de los efectos más tangibles de un largo periodo sin relaciones sexuales son los cambios en la pared vaginal . Sin estimulación sexual regular, tiende a encogerse y secarse gradualmente. Como resultado, cuando se reanudan las relaciones sexuales después de una pausa prolongada, pueden resultar incómodas o incluso dolorosas.

Este fenómeno está directamente relacionado con el estrógeno , la hormona femenina que garantiza la salud y la lubricación de los tejidos vaginales. La actividad sexual regular estimula la producción de estas hormonas y mantiene los tejidos en buen estado. Sin esta estimulación, su producción disminuye y los tejidos se debilitan.

El efecto se amplifica con la edad y la menopausia.

La Dra. Lauren Streicher señala un punto importante sobre la dimensión temporal de este fenómeno: «A los 20 o 30 años, la cantidad de estrógeno es suficiente y los tejidos se mantienen sanos y lubricados. A partir de los 60 años, los tejidos dejan de estar lo suficientemente lubricados debido a la falta de estos mismos estrógenos».

Este fenómeno empeora naturalmente con la edad, especialmente al acercarse la menopausia o durante ella  período en el que la producción de estrógeno disminuye significativamente.  Por lo tanto, la abstinencia sexual prolongada durante este período puede acelerar y amplificar síntomas que podrían haberse aliviado manteniendo una vida sexual activa.

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