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Quienes seguían Kilos mortales probablemente recuerden a Pauline Potter, una de las participantes que más llamó la atención por el nivel de obesidad con el que llegó al programa.
Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes de aparecer frente a las cámaras. En 2011, Guinness World Records confirmó que Pauline pesaba aproximadamente 291,6 kilos —643 libras—, una cifra que la convirtió entonces en la mujer viva más pesada reconocida por la organización.
Posteriormente llegó a registrarse un peso de 293.6 kilos, unas 647 libras, pero detrás del récord había una situación de salud que Pauline quería cambiar.

De hecho, ella misma explicó que decidió contactar a Guinness porque estaba cansada de vivir de aquella manera y esperaba que la exposición pública pudiera ayudarla a encontrar un médico o especialista dispuesto a tratarla.
Su peso ya estaba afectando su vida diaria
Cuando una persona alcanza un grado tan severo de obesidad, el problema va mucho más allá de la apariencia física. Moverse, bañarse, vestirse, caminar distancias cortas o realizar tareas básicas puede volverse cada vez más difícil
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