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Embutidos, salchichas, tocino, jamón cocido… Estos alimentos prácticos y sabrosos suelen formar parte de nuestros aperitivos o sándwiches diarios. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud ha dictaminado que las carnes procesadas deben clasificarse como carcinógenos del Grupo 1, al igual que el tabaco o el amianto.
¿Por qué? Estos productos contienen nitritos y nitratos, añadidos como conservantes, que pueden convertirse en nitrosaminas en el organismo. Estos compuestos están estrechamente relacionados con un mayor riesgo de cáncer de colon, especialmente con su consumo regular.
La reacción correcta: limite su consumo de carnes procesadas a comidas ocasionales (si es posible, menos de una vez por semana) y elija sustitutos sin nitritos o proteínas de origen vegetal.
Residuos carbonizados: El veneno invisible en tu plato.
¿Has cocinado alguna vez una lasaña o un filete a fuego alto hasta que se dore demasiado? Advertencia: Cocinar a altas temperaturas (a la parrilla, al horno, frito) puede generar compuestos cancerígenos como aminas heterocíclicas (AHC) e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP).
Estas sustancias se forman cuando las proteínas animales se exponen a temperaturas muy altas y se han relacionado con el cáncer de colon, páncreas y próstata.
La reacción adecuada: evitar los alimentos demasiado cocinados a la parrilla o quemados. Optar por métodos de cocción suaves (al vapor, estofado) y retirar las partes quemadas antes de consumir.
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