DESPUÉS DE LOS 60, LA FUERZA NO SE PIERDE POR LA EDAD… SE PIERDE POR ABANDONO

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La luz solar también tiene una función que va mucho más allá de iluminar el día. La exposición moderada al sol participa en procesos relacionados con la vitamina D, un elemento importante para la salud de los huesos. Cuando una persona pasa demasiado tiempo encerrada y evita por completo la luz solar, los huesos pueden perder parte de la fortaleza que necesitan para soportar el peso y el movimiento diario.

Otro error frecuente es dejar de cargar cosas por miedo a lastimarse. Evidentemente nadie necesita levantar pesos exagerados, pero cuando una persona deja de exigir cualquier esfuerzo a sus músculos, estos comienzan a reducirse poco a poco. Cargar las compras, mover objetos en casa o realizar actividades que impliquen cierto esfuerzo ayuda a que el cuerpo recuerde que todavía necesita conservar fuerza.

 

 

También existe algo que pocas personas mencionan: la actitud frente al envejecimiento. Hay quienes empiezan a repetirse constantemente que ya están acabados, que ya no pueden hacer nada o que la edad es una condena inevitable. El problema es que cuando alguien deja de intentar moverse, aprender o participar porque cree que ya es demasiado tarde, termina acelerando el deterioro que tanto teme.

Permanecer sentado durante horas tampoco ayuda. Las articulaciones fueron diseñadas para moverse. Los músculos fueron diseñados para trabajar. Cuando pasan demasiadas horas inmóviles todos los días, el cuerpo empieza a perder resistencia, equilibrio y coordinación. Lo que hoy parece una simple costumbre puede convertirse en una limitación importante con el paso de los años.

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