Porque el problema casi nunca está en tus manos. Está en que la uña nace débil, seca y sin suficiente empuje interno para sostenerse.

Lo que la cebolla roja enciende por dentro
Piénsalo como una lámina de cartón que ha pasado demasiado tiempo bajo la lluvia: se dobla, se abre, se astilla. La cebolla roja mete compuestos azufrados y barrenderos celulares que obligan a limpiar el terreno donde nace la uña, mientras la pasta dental aporta una sensación de arrastre, de restregón, de “despegar mugre” sobre una superficie cansada.
No es magia de salón de belleza. Es un empujón directo a una zona que suele estar seca, mal nutrida y castigada por jabones, geles, agua caliente y el maltrato diario de abrir, raspar, jalar y volver a jalar.